Plantas carnívoras

Plantas carnívoras

De entre las magníficas obras de ingeniería del mundo vegetal, las plantas carnívoras siempre han despertado en el ser humano gran curiosidad debido a lo extraño que nos resulta imaginar a un vegetal comerse a un insecto, incluso a un anfibio, pez o pequeño reptil.

Las plantas carnívoras han tenido que evolucionar para subsistir en su hábitat, generalmente zonas pantanosas con suelos arenosos y carentes de nutrientes. Para hacer frente a estas carencias, estas especies han desarrollado unas hojas modificadas con las que atrapan a sus víctimas y extraen de ellas diversos minerales y compuestos que, de otro modo, no serían capaces de obtener.

Existen diversos órganos capturadores

Cepos: La Dionaea posee unas hojas con espinas en su margen, que se pliegan longitudinalmente, atrapando al insecto en su interior.

Urnas: Las Sarracenias poseen unas hojas en forma de sacos en cuyo interior se encuentra un líquido digestivo. El insecto se posa, atraído por el aroma, dentro del saco, de donde no encuentra forma de salir, agotándose y cayendo al líquido digestivo. La urna de algunas Sarracenias posee unos pelos contrapuestos que impiden la salida del insecto una vez que ha entrado.

Pelos pegajosos: En el Caso del género Drosera, el órgano capturador consiste en unas hojas con pelos que segregan una sustancia pegajosa. El insecto queda atrapado en esa sustancia y, en ese momento, la hoja se pliega sobre sí misma, dejando atrapado al insecto. Hasta dentro de una semana o dos, la hoja no volverá a abrir.

Vejigas succionadoras: Es el caso de la Utricularia, habitante de ríos y lagos de la Península Ibérica. Posee unas vesículas sumergidas en el agua que realizan una succión al primer estímulo de cualquier microorganismo presente, capturándolo y digiriéndolo para la obtención de nutrientes adicionales.

El cultivo de las plantas carnívoras siempre es algo delicado. Existen plantas carnívoras vivaces que resisten relativamente los fríos del invierno hasta una temperatura de 5 a 10ºC. No resultan tan fáciles de cultivar como las típicas plantas de interior, pero a cambio obtenemos la satisfacción de sentirnos halagados al cultivar este tipo de plantas tan distintas.

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